Miedo a la Paz

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El día de mi cumpleaños siguiendo la tradición alemana horneé una torta y la llevé a mi clase de alemán para compartirla con el grupo. Esa fue la primera torta que hice, era de coco y limón, y al parecer les gustó. Mientras nos la comíamos el profesor me preguntó cuáles eran mis deseos para este año. Yo le dije que quería tener paz interior, aprender alemán y aprender a hacer muy buenos pasteles y otras delicias.

Les pareció curiosa la idea de la paz interior. La verdad es que a mí también. No sé muy bien de donde vino la idea, no sé muy bien qué entiendo yo por paz interior, pero en fin, eso es lo que quiero tener.

Por estos días llegó a mis manos un pequeño libro sobre el miedo y el amor. Se llama “Love is letting go of fear” . Es un libro excesivamente corto, que contiene en cada una de las páginas por lo menos cinco ideas principales que podría tomar una vida entera descubrir. Una de las primeras ideas dice algo así como: “la paz de la mente es nuestra meta principal”. En ese punto detuve mi lectura por un buen tiempo. De esa pequeña frase se descolgó una conversación de casi dos horas con Camilo acerca de la paz interior.

“¿Estás segura de que esa es tu meta?”, me dijo él. La verdad es que no lo sé. No lo sé porque aunque me atrae profunda e irracionalmente la idea de tener paz en mi mente, me da un miedo igual o más grande porque tengo la idea inconsciente de que la paz interior significa aburrimiento. Y yo no quiero aburrirme. ¿Acaso le tengo miedo también al aburrimiento?

En una chispa de iluminación Camilo dijo algo muy interesante. Puede ser que la gente compense su mundo interior con su mundo exterior. Hay personas que tienen mil pensamientos por segundo, una gran necesidad de actividades, gente y diversión, y usualmente viven en ciudades agitadas. Hay personas que viven en ciudades bohemias, intelectuales y culturales, y usualmente tienen un mundo interior lleno de discursos, críticas e ideas. Hay gente que vive en pueblos pequeños en cercanía de ciudades pequeñas rodeados de naturaleza y con muy poca diversion a la mano más que hacer música o pasteles en un subterráneo. Y esta gente, sabiéndolo o no, está buscando y empezando a conocer su paz interior. Esta es una cuestión del estilo huevo o gallina. ¿Qué fue primero el mundo exterior o el mundo interior? La verdad no lo sé, pero sí estoy convencida de que entre los dos se equilibran y por eso lograr una mente en paz en medio del caos de Bogotá es un gran reto que muy pocos logran.

Así que consciente o no he empezado mi camino hacia la paz de mi mente, dejando Bogotá, dejando mi familia, dejando un poco el deber ser, la apremiante persecución del éxito, etc. No sé si vaya a dejarlos por siempre, pero sí sé que en este momento quiero experimentar paz en mi mente, quiero conocer cuán feliz puedo ser, vivir en el paraíso por un tiempo y ver que pasa.

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