Sueños colectivos

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Últimamente se ha evidenciado reiteradamente en mi vida que las discusiones o debates siempre generan algo positivo al final. Hoy, una pequeñísima discusión em Facebook fue suficiente para generar este post.

Acerca de la ley 30, que ha generado enormes protestas en Colombia, publicó alguien un comentario en contra de estas, diciendo que dejaban daños materiales y que los jóvenes no tenían motivos para protestar. Yo repliqué algo breve en la discusión y me fui a la cama sin poder dormir.

Me preguntaba ¿por qué será que la gente que está a mi alrededor, esa “gente que no es suficientemente rica para ser rica ni suficientemente pobre para ser pobre” es tan indolente con el bien común? ¿Por qué será que perciben como más relevante garantizar que las vitrinas de los almacenes estén limpias que garantizar que todos los niños del país puedan estudiar, ser productivos y tener un proyecto de vida? ¿Por qué será que se indignan cuando hay una manifestación en vía principal que que bloquea el tráfico por una o dos horas en vez de indignarse por lo que sea que esos otros ciudadanos o seres humanos están pidiendo?

Quizás es presumido decir “la gente que está a mi alrededor”, pues yo reconozco que también he caído en esa actitud. Yo también me he disgustado con los paros de transporte y con otras manifestaciones públicas, yo también he criticado las pensiones de los empleados públicos, yo he alabado la universidad privada en la que estudié (gracias a un enorme esfuerzo de mis padres), y otras cosas más. Sin embargo, el tema de la educación me llega bien hondo, especialmente en este momento de mi vida.

Desde que estoy en Alemania ha sido una revelación para mí el tema de la educación pública. No sólo porque el modelo educativo alemán sea muy bueno, sino porque en varias de mis clases de alemán hemos discutido acerca de los modelos educativos en cada país de los estudiantes (típico tema de libro de idiomas). Por tal razón, en varias de mis clases he tenido que explicar cómo es que en Colombia la mayor parte de la gente tiene que pagar por ir al colegio y a la universidad, y cómo es que en Colombia hay que ser pobre para recibir beneficios del estado. A nosotros, nacidos en este sistema educativo mercantil, nos parece sumamente normal y de hecho nuestros padres se esfuerzan, no sólo por pagarnos un colegio, sino por pagarnos el colegio más caro. A los oyentes les parece, simplemente, una idea traída de los cabellos. Al parecer incluso en países fuera del “primer mundo” también la educación es un derecho.

En Colombia nos hemos dejado meter algunos goles, que yo llamaría las creencias de la clase media en torno a la educación (sólo algunas):

-No hay para todos, si alguien gana otro tiene que perder. Me parece estar escuchando a alguien decir que Colombia es un país pobre y que no hay recursos para todos, que sería muy bonito pero que no es posible que todos los ciudadanos reciban educación pública de calidad, que hay que ser realistas. ¿Por qué no es posible? Porque el presupuesto nacional está orientado a sostener una guerra que beneficia a los que participan en ella y que por lo tanto no les interesa acabar; y porque otra gran parte del presupuesto cae en manos de la corrupción. ¿Entonces era porque no había para todos? No acepto esa respuesta.

-No podemos hacer nada contra la corrupción. La gran mentira detrás de esto es creer que los corruptos son únicamente los políticos. Toda nuestra sociedad es corrupta en las esferas pública, privada, personal, familiar. Siempre tendemos a esperar beneficios, a considerarnos especiales y merecedores de excepciones, a privilegiar lazos familiares o de amistad sobre el valor de la ciudadanía, etc. Quizás un primer paso sería dejar de ser corruptos nosotros mismos, y un segundo paso dejar de votar por políticos corruptos.

-Somos unos “berracos”. Los colombianos somos tan “berracos” que trabajamos toda la vida para lograr que nuestros hijos tengan la mejor educación posible. Como valoramos tanto la berraquera personal, preferimos este camino, en vez de unirnos con otros colombianos igual de “berracos” y juntos ser capaces de construir un país en el que no sólo nuestros hijos, sino todos los niños colombianos reciban la mejor educación posible. Entonces como yo soy suficientemente capaz de levantarme la plata para que mi hijo estudie, a mí no me importan esos otros tres millones de colombianos que no han podido estudiar.

-Lo público es de mala calidad. La misma corrupción que nos envenena todas las células del país ha ocasionado que algunas de nuestras instituciones públicas sean de muy mala calidad. Sin embargo, la solución a esto no es eliminar las instituciones públicas, pues esto sólo sería como la medicina tradicional que combate los síntomas pero no cura la enfermedad. La enfermedad es la corrupción y la falta de capacitacción, por lo tanto esto es lo que hay que acabar. Para la muestra, la Universidad Nacional de Colombia es la única institución colombiana en el ranking de las mejores 500 universidades del mundo.

En realidad, yo no tengo ningún análisis de la ley 30, ni me interesa ocuparme de ello. Sin embargo es claro para mí que sea lo que sea que los manifestantes están pidiéndole al Estado, sí vale la pena aspirar a más, seguir protestando y soñando. Y cuando digo aspirar a más, no me estoy refiriendo a aspirar a un mejor empleo, a aspirar a una casa más grande, aspirar a irse del país, o a tener suficientes ingresos para que nuestros hijos puedan pagar la universidad. Me refiero a aspirar a más como país, aspirar a que todos los niños se eduquen, aspirar a que todos los ciudadanos colombianos sean capaces y competitivos en el mundo, aspirar a que Colombia tenga algo de valor que ofrecerle al mundo más que coca y café.

Entonces pensé que en Colombia tenemos una triste carencia. Desde hace demasiado tiempo estamos tan ocupados de alcanzar y proteger nuestros pequeños sueños personales (casa, carro, viaje, educación …) que nos hemos olvidado de tener sueños colectivos. Estamos tan fragmentados como sociedad que nuestro único interés llega hasta el vínculo sanguíneo, es decir que sólo aspiramos a lograr el bienestar, la supervivencia y el “éxito” de nuestra familia.

¿Qué pasaría si empezamos a promover los sueños colectivos? Si dejamos a los colombianos saber que ellos también pueden tener sueños colectivos, que ellos también pueden soñar por otros, que muchas de las más grandes transformaciones que han ocurrido, empezaron con una frase como “I have a dream” .

Yo me imagino un muro lleno de sueños colectivos, lleno de sueños en los que todos ganan, lleno de ideas para hacer realidad un mejor país.

Yo tengo muchos sueños así, como tener una Colombia donde todo el mundo tiene una esperanza de país, una visión de futuro, un sueño colectivo.

¿Cuál es el suyo?

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7 responses »

  1. Estoy muy de acuerdo con tus enunciados Ana. Entonces, cuando comenzamos? de una!

    Para compartir, una frase famosa en Colombia y que soporta tus argumentos: este es el pais de la papaya; Regla No 1, nunca de papaya. Regla No 2, aproveche cualquier papayazo. Se necesita un colombiano para explicar lo que es la papaya ….

    Como progresa un pais que piensa asi? Cambiemos! un abrazo, JuanCA

  2. Es cierto en este pais nos hemos dejado meter unos goles, y todo se tapa con berraquera personal y el otro de malas o con caridades y pañitos de agua que lo unico que hacen es tapar suavizar el problema… acá no hay conciencia de los deberes del estado, agradecemos que no nos roben y como estamos tan concentrados en nuestra berraquera simplemente nos volvimos un colectivo conformista.

    • Sí, la “berraquera” nos hace más mal que bien. En sociedades con mejores instituciones la gente no necesita ser “berraca” para sobrevivir.
      Necesitamos redefinir nuestros conceptos y nuestros orgullos patrios.

  3. Anamis, es muy emocionante leer tus ideas y pensamientos abiertos al mundo. Tus puntos de vista son muy valiosos y ciertos. La elección de nuestro nuevo alcalde tiene a la burguesía con los pelos de punta, pues entre otras muchas creencias acerca de la politica de izquierda, sienten peligro en que se cultiven ideas “diferentes” en la niñez de nuestra ciudad, que mas adelante atenten sobre el status quo. Petro ha hecho mucho enfasis en los proyectos de educación y cultura para empezar a crear una sociedad competitiva. Apoyemos su gestión con optimismo en vez de seguir preocupados porque “quiera hacer una buena alcaldía solo como trampolin a la presidencia, y que peligro”…

    • jejej, es muy chistoso el miedo de la burguesía. De verdad que ojalá haga una buena alcaldía. Me da mucha curiosidad ver con quién va a gobernar. Yo no soy muy Petrista que digamos, pero me parece que es la persona de izquierda que más se merece esta oportunidad. Y quizás su percepción de los problemas de la ciudad sea más acertada que la de quienes creen que el mayor problema son los trancones y los huecos. Hay millones de desplazados en Bogotá y la seguridad definitivamente no se cura con policías, sino dandole educación y oportunidades a las personas que causan la inseguridad.

  4. Pingback: De la protesta al sueño / From the protest to the dream « From the Souterrain

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