Dolor de garganta

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Durante los últimos seis meses había cargado a mi país con dolor de garganta. Esa tensión que se acumula en la garganta cuando uno no quiere dejar salir las lágrimas, o cuando la tristeza no es suficientemente fuerte sino latente.

Por un lado es natural que al estar lejos de lo que hasta entonces fue “la vida” se empiecen a extrañar hasta las cosas más simples. Sin embargo mi dolor de garganta no estaba basado en el anhelo sino en la vergüenza. Con frecuencia cuando pensaba en Colombia, en la cultura del atajo, la malicia indígena, la violencia, la corrupción, pensaba a la vez en el enorme potencial de la tierra y de la gente, y entonces me daba dolor de garganta. Una mezcla de indignación con impotencia.

Para mí es claro que Colombia es un gran país, una tierra grande y hermosa. De hecho en ocasiones digo que podría ser el paraíso, si quitáramos por un momento a sus habitantes, que son quienes crean los problemas. Desde hace varios años entendí que nuestros problemas como sociedad están en el andamiaje institucional que hemos construido, en nuestras creencias y nuestros hábitos. Entonces me entregué a una ligera investigación personal acerca de cómo ocurre el cambio institucional y cómo es que podemos aplicar las más modernas técnicas de intervención social para cambiar comportamientos en la gente. De algún modo hasta ahora he confiado en la “ciencia” para el manejo de los problemas sociales y planeaba basarme en ella para generar un cambio en el mundo.

Sin embargo durante los últimos 20 días he tenido una revelación. Una verdadera revelación.

Hasta hace muy pocos días mi aproximación asumía que por ejemplo el problema de la violencia en Colombia estaba fuera de mí, en la sociedad, en el sistema. Que mi misión es encontrar o idear soluciones para que “ellos”, los ciudadanos, cambien sus comportamientos, quizás a través de una nueva estructura de incentivos, o a través de nuevas y creativas metodologías de educación cívica, aplicando el conocimiento del cerebro humano, prohibiendo la televisión, entre otros.

Hoy veo con claridad que estaba errada. Que los problemas de esta sociedad están dentro de mí. Que si hay alguien que debe cambiar soy yo. Que solamente veré paz en otros colombianos cuando vea verdadera paz en mí, que no puedo reprochar el odio de los asesinos en el monte, mientras admita el odio latente en mi corazón contra los supuestos malhechores.

Sospecho que si logro erradicar el odio de mi corazón empezaré a ver paz en el mundo, porque todos somos uno, porque el mundo es un reflejo de mi ser.

La idea quizás suena demasiado trillada, fácil de entender pero difícil de aplicar. Sin embargo hoy por primera vez siento convicción, siento que estoy viviendo esa idea, que para cambiar el mundo no debo ocuparme tanto de las técnicas y teorías, sino de  mi mundo interior. Siento que sí hay algo que yo puedo hacer: “ser ese cambio que quiero ver en el mundo”.

Entonces el dolor de garganta se fue.

Sore Troath

During the last six months everytime I though about my country I had a sore throat. That kind of tension that builds up in your throat when you don’t want to let out the tears, or when sadness is not enough as to cry, it just remain as a latent feeling.

On one hand it is natural that by being far away from what used to be “the life”, one begins to miss even the simplest things from home. But my sore throat was not based on the homesickness but on some kind of shame. Very often when I thought about Colombia, its so-called “culture of shortcuts”, the so-called “Indian malice”, our violence and corruption, thought at the same time about the enormous potential of this land and its people. Then began my throat to hurt. It was a mixture of indignation with impotence.

For me it is clear that Colombia is a great country, and a rich and beautiful land. In fact I say frequently that it could be a paradise, if you just took its inhabitants away for a while. Several years ago, I realized that our social issues are based on our beliefs and habits, that together form the institutional frame, the rules of the game. Hence I started a personal research on how institutional change occurs and how can we apply the most modern techniques of social intervention to change behaviors in people. Somehow, I had so far relied on the “science” to handle social problems and planned to use it to make a change in the world.

However, during the last 20 days I had a revelation. A real revelation.

Until a few days ago my approach tend to assume that for instance the violence environment in Colombia was out of myself and laid in the society, in the system. My mission then would be finding or developing solutions so “they”, the people, can change their behaviors. Perhaps through the design of a new structure of incentives, or through innovative methods of civic education, applying the top of the edge knowledge of the human brain, prohibiting television, among others.

Today I can see clearly that I was wrong. That any problem of this society is in me. That the one who must change is me. I understand that I’ll only see peace in my fellow citizens when I see true peace in me, thus I can’t blame the hatred of the murderers who hide in the jungle or the mountains, while accepting the latent hatred that lays in my heart against the alleged criminals.

I suspect that if I am able to remove the hatred in my heart I’ll begin to see peace in the world. Because we are all one, because the world is a reflection of my being.

The idea may sound too trite, easy to understand but difficult to implement. But today is the first time I feel convincement, the first time I feel I’m making this idea happen. Now I feel convinced that for changing the world I must not be aware of the techniques and theories, but of my inner world. Today I feel there is something I can do, I can “be the change I want to see in the world.”

From then on the sore throat went away.

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4 responses »

  1. creo que ese ha sido un aprendizaje muy importante despues de los grandes viajes y de las cosas tan complejas al final siempre se vuelve a uno mismo, parece que ahi esta la respuesta, el inicio y el fin de todo.Totalmente de acuerdo, ya es claro por donde es!

    • Sí, realmente es muy fortalecedor saber por donde es y saberlo jóven. Eso me ha hecho reevaluar muchas cosas en mi vida. La cosa es que el camino para adentro es el más difícil. Pero acepto el reto!

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