Compartir el sueño

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English version below.

Apenas habían pasado los primeros tres días de clases y la pregunta no se hizo esperar.

¿Que cómo son los compañeros, que qué tal es la gente.?
Pues… ¿qué te digo yo? Te digo que no me brillan los ojos.

Por alguna razón, o sin ella, me embargaba la insatisfacción. Las almas gemelas, los espíritus apasionados y los sueños compartidos no se habían hecho visibles en ninguna de las interacciones.

Si bien las sonrisas amables y las actitudes abiertas y comprensivas habían sido la regla, aún no había aparecido esa persona que dijera “estoy aquí porque quiero cambiar el mundo”, “mi causa es nuestra revolución” o algo así. Todas las primeras conversaciones quedaron atrapadas en la inextricable rigidez de la vida académica tradicional, especialmente fuerte en Alemania donde el promedio académico hace parte de la hoja de vida. Ante la pregunta ¿Por qué estás estudiando este programa? confluían las respuestas en conseguir un empleo, complementar la formación, tener un título de maestría porque ahora lo piden para todo.

Desafortunadamente hasta entonces nadie me había rebotado la pregunta y por tanto yo misma no había tenido la oportunidad de decir algo más que lo que estudié y de donde soy. Recientemente he descubierto que la mayoría de la gente no hace preguntas. Quizás lo que pasa es que yo soy demasiado curiosa.

Justo cuando estaba a punto de decepcionarme y pensar que quizás debía haber aplicado a una universidad más competitiva o a un MBA, donde la gente fuera más apasionada y clara con lo que quiere, tuve una pequeñísima revelación.

Tengo dos opciones. Limitarme a ver a esta personas como su reducida carta de presentación académica y conformarme con la adquisición de conocimientos académicos durante estos dos años; o abrir los ojos y darme cuenta de que estas maravillosas personas que tengo al lado son el insumo más poderoso que haya tenido jamás para iniciar cualquier tipo de cambio en el mundo. Que así como yo, también están esperando la oportunidad de compartir su sueño o de dejarse encender por un sueño que los inspire.

De repente entendí que la gente que se necesita para iniciar el cambio, la gente que he estado buscando desde hace tiempo, es esta. Entonces me atreví a compartir mi sueño por primera vez … y tuve el placer de ver un par de ojos brillar.

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Sharing the dream

Right after the first three days of classes the question was made.

“How are your peers? How do you like the people in your program?”
“Well … What can I tell you? I’ll say that my eyes are not shining.

For no reason I wasn’t feeling fulfilled.
The twin souls, passionate spirits and shared dreams had not shown up in any of our interactions.

Although friendly smiles and open attitudes had been the rule, I was missing that person who would say “I’m here because I want to change the world”, “my cause is the revolution” or something like that. All first conversations were inextricably bounded up with the rigidity of the traditional academic life, especially strong in Germany where even the GPA is part of the CV. When I asked Why are you studying this program? the answers converged in “getting a job”.

Unfortunately until then nobody had bounced the question to me and therefore I hadn’t had the chance to say anything else than what I studied and where I come from. Recently I discovered that most people do not ask questions. Maybe it’s just that I’m too curious.

Right before getting disappointed or thinking that I should have applied to a more competitive college or to an MBA, where people are more passionate and clear with their goals, I had a tiny revelation.

I have two options now. To view this people as their limited academic introduction and limit myself to merely acquiring academic knowledge; or to open my eyes and realize that these wonderful people who are sitting next to me are the most powerful input I ever had in order to start any kind of change in the world. Understand that just like me, they are also waiting for the opportunity to share their dreams or being ignited by a dream that really inspires.

Suddenly I realized that the people needed to initiate a change, the people I’ve been looking for a while, are exactly this people. Then I dared to share my dream for the first time … and I was pleased to see a pair of eyes shining.

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