Aprendiendo a escuchar 1

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Después de declinar un par de invitaciones culturales de Damaris asistimos finalmente a un concierto de la orquesta sinfónica de Osnabrück. Descubrir que la ciudad en la que vivimos, con menos 150.000 habitantes, cuenta con una orquesta sinfónica propia fue una sorpresa.
Cuando llegamos al auditorio, después de casi 12 horas en la universidad, entre las cuales cuentan tres horas intensivas de clase de contabilidad en alemán, me pregunté por un momento si había sido una buena decisión ir al concierto. Sin embargo cuando se completó nuestro grupo y el público comenzó a ingresar mi cansancio se fue convirtiendo en curiosidad. Los conciertos siempre me generan una sensación particular en el cuerpo, un entusiasmo que no sé bien cómo describir.
No obstante, enseguida nos sentamos en la silla correspondiente mientras esperábamos en silencio que la música tuviera lugar e incluso después de que la música quebrara el silencio con el potente rugido de los instrumentos afinando, mi entusiasmo se desvaneció en una ráfaga de pensamientos. De repente mi mente abandonó el auditorio y la música se convirtió en una voz lejana. Por varios minutos me debatí entre el pasado y el futuro, recordando y prediciendo, añorando y temiendo, analizando y juzgando. En breves lapsos mi mente regresaba al lugar y escuchaba algo de la música, observaba a los intérpretes, me preguntaba si el director sería un tipo amable, pensaba si los músicos serían felices trabajando allí… pensaba.
Entonces pude observarme por un instante y despertar. Pude darme cuenta de que mi hiperactiva mente me estaba robando ese instante, que por andar pensando me estaba perdiendo de la belleza del momento. Ciertamente no había ido a un concierto a pensar sino a escuchar música, así que haciendo uso de mi intención más sincera y venciendo cualquier rastro de vergüenza, cerré los ojos y me dediqué tan sólo a escuchar.
Así, la belleza de la música se desnudó ante mi y en mi rostro se dibujó una sonrisa. Por primera vez mi cuerpo se limitó a recibir las ondas producidas por los instrumentos y mi espíritu se dejó arrullar por los sonidos, a veces dulces, a veces salvajes pero siempre con la inconfundible magia del encuentro de timbres de una orquesta.
Súbitamente el hambre y el sueño desaparecieron por completo y fueron reemplazados por una sensación de plenitud, por un aprecio tal del instante que se confundía con el sentimiento de que no existe en el mundo mejor música y mejor compañía, que no que no existe en el universo mejor manera de vivir que esta, ni mejor momento que ahora.

Learning to listen 1

After declining a few cultural invitations from Damaris we finally attended a concert from the Osnabrück Symphony Orchestra. The discovery that our city, with less than 150,000 inhabitants, has its own orchestra was a surprise.
When we arrived at the auditorium, after spending almost 12 hours in the university (amongst which there were three hours of an intensive accounting class in German) I wondered if it was a good decision to attend the concert. However when our group was completed and the public began to get in the hall my fatigue turn into curiosity. Concerts always produce a very particular feeling in my body, an enthusiasm that I can’t precisely describe.
However, once we sat down in silence waiting for the music to start and even after the music broke the silence with the powerful roar of tuning instruments, my enthusiasm faded in a flurry of thoughts. Suddenly, my mind left the auditorium and the music became a distant voice. For several minutes I was swinging between the past and the future, remembering and predicting, longing and fearing, analyzing and judging. In short intervals my mind came back to the place and I listened to some of the music and watched the performers… I wondered if the director would be a nice guy, if the musicians would be happy working there … I wondered, I thought.
Happily I was able to observe myself for a moment and thus awake. I realized that my hyperactive mind was stealing that moment, I noticed that because of being thinking I was missing the beauty of the moment. I certainly had not gone to this concert to think but to listen to music, so using my most sincere intention and overcoming any trace of shame, I closed my eyes and started to listen with all my being.
The beauty of the music unfolded in front of me and my face broke into a smile. For the first time my only task was to receive the waves from the instruments and to let my spirit be lulled by the sounds, sometimes sweet, sometimes wild, but always magic. All of a sudden, hunger and sleep completely disappeared and were replaced by a feeling of completeness, for such an appreciation of the moment that blended with the feeling that there were no better music than that and no better company than the people I had around. The feeling that it does not exist in the universe a better way to spend this instant than being here and that there’s no better moment than now.

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One response »

  1. Una vez mas que placer leer tus escritos pues cada uno de ellos me transporta a lugares increíbles, a momentos que se viven y a escuchar unos sonidos como los que describes tan claramente en el de hoy.
    Felicitaciones y gracias por deleitarme al leer lo que escribes.
    Muchas bendiciones
    Te quiero mucho
    Abrazos
    Mami
    Enviado desde BlackBerry® de COMCEL S.A.

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