Perdón / Forgive me

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Los últimos días han sido oscuros. No sólo porque la inclinación de la tierra en invierno ocasione amaneceres tardíos y atardeceres tempranos, sino porque la niebla me cubrió.

Mis ojos brillantes se hicieron opacos, mi sonrisa se avergonzó y el amor se me quedó atorado en un pensamiento.
Hoy me doy cuenta de que soy culpable de haber sucumbido a la razón en corto tiempo, de haber mudado mi morada del corazón a la cabeza. Ya había advertido antes que ejercitar el juicio me extravía, que me separa, que me hace creer que entiendo, que sé.
No puedo pretender ser la víctima de un sistema educativo que promueve la crítica y el juicio, que premia a las personas que sostienen sus puntos de vista con argumentos fuertes y que van hasta el final para defenderlos y tener “LA RAZÓN”.
Ya antes había experimentado el exceso de “razón”, el exceso de palabras y la falta de silencios, el exceso de explicaciones y la falta de comprensiones, el exceso de análisis y la falta de visiones.
Me bastaron tres meses para caer en la avidez del conocimiento, en la ficción del saber mucho y en la adicción de querer saberlo todo.
Y muchos podrán decir que no hay problema en ello, más sólo aquellos que han experimentado alguna vez la belleza del mirar la vida con inocencia, de mirar otros ojos con la transparencia de una mente sin juicios, de un corazón vulnerable, podrán comprenderlo.

Quizás no es algo que le pase a todo el mundo, pero sí es algo que a mí me pasa. O quizás le pase a muchos y simplemente no se den cuenta de como la educación nos hace “más inteligentes”, nos crea opiniones, nos forma posiciones, nos consolida en algún “nosotros” que tarde o temprano se enfrenta con los “otros” en alguna discusión, en la defensa de una idea, de una causa, de una religión, de un proyecto político. Ignorando que ideas verdaderamente valiosas no tendrían la necesidad de llevarnos a conflictos, pues serían para la conveniencia de todos.

Ahora no se me ocurre más que empezar por pedir perdón. A todos aquellos que han encontrado una ventana cerrada en mis ojos y un juicio en mis palabras, y a mí por haber olvidado las lecciones ya aprendidas y haber sucumbido a la tentación del ego.

Me queda el reto de regresar a la genuina búsqueda de la inocencia, a pesar de los 18 meses de educación que aún vendrán para mí.

Forgive me

The last few days have been dark. Not only because the winter earth’s inclination causes early sunrises and late sunsets, but because I was covered by mist. The bright of my eyes became opaque, my smile got embarrassed and my love got stuck in a thought.

Today I realize I am guilty of having succumbed to reason in a very short time, of moving my dwelling from my heart to my head. I had already noticed that the exercise of judgment separates me from the rest, and makes me believe that I understand, that I know.

I can’t pretend to be a victim of an educational system that foster criticism and judgment, that rewards people for defending their positions with strong arguments, for going all the way to “be right”.

I had earlier experienced an excess of “reason”, an excess of words and a lack of silences, an excess of explanations and a lack of understandings, an excess of analysis and a lack of vision.

Only three months were enough for me to fall into the greed of knowledge, the fiction of knowing much and the addiction of willing to know everything.

Many may say that there is no problem about it, but only those who have ever experienced the beauty of looking at life with innocence, of staring at another eyes with the transparency of a mind free of judgment, with a vulnerable heart, will understand.

Maybe it doesn’t happen to everyone, but it is definitely something that happens to me. Or maybe it happens to many but they just don’t realize how education makes us “smarter”, how creates in us opinions and positions, how it makes us an “us” that sooner or later faces the “others” in a discussion, in the defense of an idea, a cause, a religion, a political project. Ignoring that truly valuable ideas would not need to lead to conflict, as they would be for the convenience of us all.

Now I can only begin by apologizing. To all those who have found a closed window in my eyes and a judgment in my words, and to me for forgetting the lessons already learned and have succumbed to the temptation of my ego.

I have now the challenge of coming back to the genuine search for innocence, despite 18 months of education that still remain for me.

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One response »

  1. Gracias por tu honestidad :-). Es difícil dejar ir de absolutamente todo y, al mismo tiempo, atender a las exigencias de los sistemas que hemos creado…Pero algo en mí, como en ti, nos dice constantemente que es lo único que queremos hacer: dejar ir de todo y vivirlo todo pura e inocentemente :-). Es alentador saber que más y más personas se dan cuenta de este querer de nuestro espíritu y están dispuestas a darlo todo.

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