¿La paz o la victoria?

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Hace algunas semanas conversé con alguien que se refirió a la marcha de 2002 como una marcha por la paz de Colombia. Recuerdo que le dije que en mi opinión esa no fue una marcha por la paz sino una marcha contra las FARC, que no es precisamente lo mismo. Hoy, muchas de esas personas que marcharon portando el contundente mensaje de NO MAS FARC se rehúsan a unirse a la marcha de los aliados por la paz por diversas razones.

De algún modo siento que eso confirma mi impresión. Muchos de los colombianos que marcharon entonces, movimientos urbanos especialmente, no estaban expresando un grito por la paz, sino un grito por la victoria y un espaldarazo a la política de defensa del gobierno de entonces. Pero hasta la fecha, la sociedad civil colombiana, nunca ha clamado unida por la paz.

Hoy, cuando sectores muy diversos e incluso opuestos se movilizan para apoyar el proceso de paz, muchas personas dan un paso a un lado, desaprovechando una única oportunidad de cambiar la historia de Colombia.

Las razones son muy diversas, muchas personas dicen querer la paz pero solamente después de un montón de otras prioridades; hablan de impunidad, de regalar al país. Lo que entiendo es que estas personas quisieran algo más parecido a una rendición unilateral de parte de las FARC, quisieran que un día todos los insurgentes se entregaran a la justicia colombiana después de cincuenta años de guerra y sean procesados como delincuentes comunes. Pienso que al deseo de ese escenario no se le podría llamar querer la paz, eso sería más bien desear la victoria contundente del estado colombiano. Pero ganar la guerra, no es lo mismo que hacer la paz, pienso yo. Así como simplemente el cese del conflicto no es paz, eso está claro.

Sin duda el sueño de una paz profunda y sostenida, de un país donde se garanticen los derechos a todos los ciudadanos, donde coexistan pacíficamente personas con diversas formas de ver la vida, donde se ejerza la justicia, donde el Estado no se entienda tan sólo como ejército sino como un agente de bienestar, es algo que no se logra a través de marchas. No obstante, estoy convencida de que el primer reto es sembrar el deseo de paz, crear la posibilidad en nuestra imaginación, abrir los ojos y darnos cuenta de que no tenemos que vivir condenados a la guerra.

Yo renuncio a la mentalidad de guerra en la que siempre pierden unos y ganan otros. Yo creo que es posible un país y un descenlace en donde todos ganemos, si así lo elegimos. ¿Y usted?

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